Proyecciones 2025
Largometrajes
Dos veces bestia
A las afueras de la ciudad, un extraño musgo se prolifera en el bosque. A pesar de las advertencias por su supuesta peligrosidad, varias personas visitan el lugar en un gesto de transgresión y libertad. En aquel bosque, lxs amigxs ríen, cantan, se besan y se filman, apropiándose del lugar, relacionándose con una naturaleza prohibida y marginal hasta fundirse con ella. Dos veces bestia navega por espacios-especies en donde la amistad y la sensualidad confluyen con la ciencia ficción.
Morichales
Chris Guede completa la trilogía –que inicia con el microtráfico en Mambo Cool y la gasolina en Mariana– sobre el tráfico ilegal de ciertas mercancías al interior de Colombia, Venezuela y sus fronteras. Con esta tercera entrega, el director expande sus posibilidades poéticas y expresivas, apelando al uso de película de 16mm, ilustraciones, efectos visuales y un sugerente trabajo sonoro.
Forenses
Hace diez años, en frente de su casa, Katalina Ángel descubre el cuerpo de una mujer trans asesinada. En los años ochenta, Jorge Arteaga, tío del director, desaparece. A estas dos historias se suma una tercera: el testimonio de Karen Quintero, una antropóloga forense que trabaja en labores de búsqueda e identificación de desaparecidos por el conflicto armado en Colombia. En Forenses, la imagen se convierte en territorio y el cuerpo desaparecido se funde con la geografía.
Alma del Desierto
La salada brisa del desierto en la Guajira Colombiana embiste la piel de Georgina con imágenes del pasado. Durante años, ella ha interpelado a las instituciones colombianas en una lucha por la reivindicación de su identidad y su reconocimiento como mujer. Antes de lograr su cometido, Georgina atraviesa el desierto y comparte su historia, conversando con sus seres queridos y dejando entrever las cicatrices que el fuego y la arena han dejado en su vida.
Bienvenidos conquistadores interplanetarios y del espacio sideral
Como parte de su entrenamiento para la expedición lunar, astronautas estadounidenses son enviados a las selvas tropicales del Darién para aprender a sobrevivir en condiciones extremas. No obstante, este viaje no sólo prepara el alunizaje; también pone en marcha una estrategia de promoción del programa espacial, un vitrina del poderío estadounidense en plena Guerra Fría.
Andariega
En su segundo documental, Raúl Soto Rodríguez mantiene su interés –ya explorado en El segundo entierro de Alejandrino– por la vida en los márgenes. Esta vez, su protagonista es una mujer que se autodefine como “independiente y liberal” y que trabaja en un universo mayoritariamente masculino: el de los recolectores de café. Personas que durante la temporada de cosecha, van de finca en finca y de poblado en poblado, forjando una comunidad temporal solidaria y alegre.
Selva
Los flamencos han llegado a Bogotá, están perdidos. La gente se pregunta qué hacen allí, alejados de su propio hábitat. Al mismo tiempo, parece ser una oportunidad exótica de encontrarse con alguno de ellos. Julián trabaja en un call center desde hace tiempo. En su tiempo libre, graba beats musicales y deambula por la ciudad. Sin embargo, paulatinamente se siente más vacío, al borde de su propio abismo. Un día de trabajo se ve interrumpido por la llamada de un hombre que quiere compartir con él sus duelos.
Querido Trópico
El debut en la ficción de la cineasta panameña Ana Endara es un drama delicado y emotivo que explora la relación entre dos mujeres solitarias en la Ciudad de Panamá: Ana María, una inmigrante colombiana embarazada que trabaja como cuidadora a domicilio, y Mercedes, una empresaria adinerada que enfrenta los primeros síntomas de la demencia. A pesar de sus diferencias, ambas crean un vínculo inesperado y profundamente humano.
Adiós al amigo
Acusado de traición a la revolución liberal, el soldado Alfredo Duarte Amado pide un último deseo antes de ser fusilado: quiere un retrato fotográfico para existir en la memoria de su sobrino ad portas de nacer. Benito Pardo, es el encargado de hacer operar el novedoso artefacto. En medio de la confusión y la fascinación generada por la fotografía, Duarte logra cambiar a su favor la situación. Motivados por la familia y la venganza, Fotógrafo y soldado inician un viaje por el cañón del Chicamocha para librar una batalla desde su interior.
Cortometrajes
Akababuru
Dicen que Kiraparamia fue castigada luego de reírse de su esposo. Se le cayó el pelo y todo su cuerpo se volvió del color del material del que están hechas las plantas. Irati, pone sus manos sobre el mito de la mujer que ríe, y a través de los puntos de fuga de la película permite emerger otra versión de la historia.
El relato respira en los bordes, luego los excede.
Kiraparamia
vegetal
se fuga por los márgenes de la historia
Este no es tu jardín
La vegetación andina es registrada bajo nuevos formatos como la visualización de datos, los escaneos tridimensionales y la escritura de código de programación. Estas herramientas técnicas de punta se usan para dar un vistazo particularmente contemporáneo a la flora del bosque alto andino. Las partículas de luz que componen las versiones digitalizadas de estos ecosistemas celebran a la vez la naturaleza retratada y el medio mismo del retrato.
Parientes del valle luminoso
“El amor balbuciente, el que tartamudea, suele ser el amor que más ama”. Esto lo escribió Gabriela Mistral refiriéndose a los niños y su capacidad de asombro. En Parientes del valle luminoso, Juan Francisco Rodríguez nos presenta una película que va develando sus capas, como si se tratara de una montaña que, entre la niebla que se disipa, nos permite entender sus formas.
Lanawaru
Estrenado en el Festival Internacional de Cine Documental de Ámsterdam, el último cortometraje de ficción, escrito y dirigido por el director de fotografía Angelo Faccini, expone la desaparición de un miembro del pueblo indígena Yucuna en el Amazonas. A través del abuelo caimán y un adolescente iniciado en encarnar sus tradiciones, Lanawaru invita a participar de ciertas ceremonias de protección llevadas a cabo especialmente para los hombres de la comunidad.
Lecciones de primavera
Bajo un pleno sol que hace de los amplios pastos y bosques alrededor de una casa un idílico patio de recreo, un niño juega con su padre a ser un hombre. En medio del verdor, la agresividad enternece: el padre le enseña boxeo y con ello, la responsabilidad y mesura que vienen con el dominio del cuerpo propio; el niño escucha rap y acaricia pollitos. La masculinidad y la infancia se documentan en una contradictoria, dulce e incauta naturaleza. Vistas así, las imágenes de crianza pueden convencernos: en las pequeñas lecciones se construyen y transmiten el amor y la virtud.
Niña Chilapa
A veces una, huérfana de sus propios pulmones, siente que se ahoga.
Una de repente recuerda el cuerpo, vuelve a respirar, y se empieza a reír. A reír durísimo. A correr por las esquinas del mundo respirando y riendo. Yulieth habla con su madre. Baila. Flota sobre el agua. Se ríe.
Chilapa, de la llanura caribe
Vemos a Yulieth entre los 10 y los 13 años. La película abre costuras internas y por su ombligo sale el cuerpo entero: la acompañamos jugando con sus amigos, hablando con su mamá, durante su embarazo, y cuando su bebé nace.
Sukua
Cuando a un niño kogui le regalan una pistola de agua como juguete, empieza a recorrer los espacios ya conocidos de su territorio con una mirada nueva. Sukua recorre con fluidez el exterior e interior de su vivienda y algunos retazos de la comunidad que se manifiestan en torno a la dulzura lúdica del niño. La extrañeza del juguete añade, al mismo tiempo, ternura pueril y tensión ruidosa por su contraste con el entorno y por la violencia sugerida que afecta moralmente al padre.
Una noche en la montaña escuché una luz rugir
No hay nada más allá que la búsqueda material del misterio. El misterio existe hecho materia, y en este caso, hecho luz. Dos jóvenes se encuentran en medio de una montaña después de morir. Parece que de su pasado urbano queda aún el titileo de colores extraños a lo vegetal como si ello los atrajera; les hiciera prendarse y fundirse con presencias luminosas que brotan de la montaña y llaman a ella, dando aviso a un camino que se oye al ver la luz.
Lengua
El niño canta
canta
¡canta y se torna en luz!
Daniel se prepara para su primer día de clases en los Estados Unidos, y una especie de susto pareciera acecharlo: no poder hablar.
La espacialidad y temporalidad de una lengua que trata de reorganizar sus coordenadas nos acompaña durante toda la película, de la mano de un niño que camina las esquinas del mundo pensando en cómo-serà-que-se-pronuncia-el-saludo.
Si cada madre y cada barrio son un dialecto, ¿que le hago a mi lengua si se siente lejana?
Boceto
Filmada en el Amazonas en 8 mm y dotada de un deslumbrante montaje de artesano sobre el fílmico, la segunda película de José Guillermo Pezzotti reúne un crisol de imágenes ferales que inducen a la experimentación –o iniciación– de una ceremonia de yagé. A través de la contemplación de un eclipse solar, ciertos árboles nativos, destellos en el agua y ríos que persiguen pájaros, se plantean algunas operaciones poéticas que permiten sugerir que la cinta fue rodada por los ojos de la selva. Boceto debuta mundialmente en la presente edición FICCI 64.
Sancocho
Filmada, montada y proyectada manualmente en 8 mm, Sancocho propone una arquitectura cinematográfica del tiempo en retroceso y la elevación. Muda y en blanco y negro, la película fusiona la preparación de un plato de gallina con el tránsito de una mujer vestida de overol por las instalaciones de unos hornos de coquización en Samacá, Boyacá. Aquí, la cámara no graba. Más bien recuerda al barro, las chimeneas, los puentes de la construcción; un beso de enamorados en el agua. El cine es la posibilidad de erigir y vivir en un castillo de fantasmas.
La Casa Grande
“Siete dobleces se necesitan para doblar una camisa”, se oye decir –como leyendo– a una mujer mayor. Su voz guía la mirada y explica, instructiva como en aquella cita, el entendimiento de lo roto y lo enmendable de una vivienda forzosamente abandonada en medio del conflicto armado. Esta casa es aquí un cuerpo vivo, y sus habitantes, cuidadores que recuperan su digna integridad. Es como si ella fuese un huésped herido de la familia; como si se hubiese ido y regresado.
1 hijo, 1 padre
Un joven problemático asiste obligado a un retiro de padres e hijos que pretende reformarlo. Su acompañante es un hombre de menor estatura que parece ser su padre. El resultado es la tipología de un conjunto de hombres; con su temple, voz y constitución propias. La comedia regula el desarrollo de tensiones morales sobre el cuerpo, la conducta, la paternidad y la soledad masculina.
Cuando ellas se fueron solo quedó un pequeño ruido en la montaña
Estela trabajó desde los 16 años en la antiguamente pròspera fábrica textil del Contadero, en Nariño. Sus palabras se vuelven las ruinas que quedan de la fábrica, sus manos tejiendo en guanga y las montañas de la cordillera de los Andes emergiendo a su alrededor. Las desmembradas promesas del progreso, la tecnificación del oficio del tejido y la vida cotidiana del pueblo entraman una película llena de palpitaciones.
Con las mismas manos con las que se teje, se come
Con las mismas manos con las que se come, se prepara la lana
Aguijón
Levantar la cabeza y quedarse mirando otra cosa, no pensar en lo que decía el libro sino una cosa que nos recordó. Aguijón son los intersticios de la lectura. Del libro hecho cuaderno, de la lectura que se vuelve nueva imagen. Nuevas imágenes. Un volcán y un toro, y las huellas del pincel cargado. Pedazos de una visita al odontólogo y el cansancio de un cuerpo que parece padecer todo de dolor.
Una película (secreta)
Como una palabra a punto de ser descubierta pero que nunca logramos escuchar pronunciada, Una película (secreta), de Jeròmino Atehortùa, va desgajando las capas de un archivo móvil del cine silente colombiano. Una especie de misterio pareciera vivir debajo de cada una de las imàgenes, y a medida que la pelìcula avanza, una lengua secreta va dibujando un laberinto: cada secuencia es una repeticiòn distorsionada de la anterior, una extremidad deformada de una lengua oculta que devela aquellas pulsiones y manìas del archivo.
Valentina Giraldo Sánchez
Kanekalon
Suena la música, en todo Kanekalon suena la música. La de la Quibdó nocturna, la incisiva y repetitiva de los celulares en la zona rural, y también en la margen del río y sobre él. La sacra, que se entremezcla con la profana, que se confunde y contamina.
La película vive profundamente esas variaciones de ritmo; incorpora su cadencia en el acercamiento a su protagonista, quien encara las decisiones que ha tomado sobre su identidad. Gracias a un nuevo tránsito entre espacios, encuentra en su música interna la capacidad de hacer sonar su propio instrumento.
Kilometro 126
La intimidad de dos jóvenes está presente entre las imágenes del archivo de un pueblo y las especulaciones sobre su futuro: la habitación, sus cuerpos juntos, frutos recogidos, siestas en el bosque, excursiones a la montaña. El incierto paso del tiempo y la oposición entre campo y ciudad conducen a esta pareja a refugiarse en una ternura que merodea, contemplativa, por senderos y rieles de tren. Caminan con la melancolía de quienes viven a la vez entre la serenidad del amor, el afán del progreso y el desenvolvimiento de un vasto tiempo casi geológico.
Cachirre
Animales se van perdiendo uno a uno en la finca que una vez fue de don Joaquín. Parece que los ataca una bestia extraña. Nos encontramos cara a cara con la amplitud del llano, su generosidad aún en la canícula y su consecuente desamparo. La noche la hace la imagen y su texto. No la muestra, la elabora. Su hijo quiere dejar la tierra. Su madre insiste en cumplir la palabra dada a su difunto esposo. Esa cosa extraña que buscan, monstruosa tal vez, quizá está hecha de la sustancia que une a un hombre con su tierra. Y a un hombre con otros hombres, a un padre con sus hijos.
Jirapo
Al borde mismo de las cosas, miro a la película y ésta me mira a mì.
Jirapo es una obra que tiene la variedad del verbo (acciona, se mueve, está viva). La imaginaciòn material de la película nos recuerda un lenguaje que comprende la naturaleza de la que es parte: nidos de abejas sin aguijòn en la tumba de la abuela desembocan en altos árboles amazónicos, los sueños que nos llevan a ellos se transforman en imàgenes dulces. La película –como los sueños y la selva– tiene todas las edades, lo ve todo primero. Luego nos presta sus ojos, nos hamaca en su sueño.